Madrid, 1877. La joven Celia Gross trabaja de ayudante en la exclusiva confitería La Perla, cuyos dulces son los favoritos del joven rey Alfonso XII, que a menudo manda a recogerlos a su cochero particular, Diego Sáez, un chico atractivo aunque algo burlón con ella. La Perla será la encargada de elaborar los postres de la boda del rey con María de las Mercedes, lo que permitirá a Celia vivir una intensa experiencia. Nadie le agradece su ayuda, pero en ella ha germinado la pasión por la repostería.