Por fin, estamos jugando. Y es el juego que yo he elegido.Doy un último empujón al carrusel y retrocedo.—Deberías haber jugado conmigo —vuelvo a decirle, aunque sé que ya no me oye.A última hora de una tarde de verano, la detective Kim Stone llega al parque Haden Hill,escenario de un crimen espantoso: ha aparecido una mujer de unos sesenta años atada a uncolumpio con alambre de espino y con una equis grabada en la nuca. La víctima es BelindaEvans, una recién jubilada profesora universitaria de Psicología Infantil.En un registro de la casa de Belinda, Kim y su equipo encuentran una bolsa de viaje yalista. A partir de ahí, empiezan a desentrañar una compleja relación entre la víctima y suhermana.Pero aparecen otros dos cadáveres con las mismas marcas distintivas. Kim cae en lacuenta de que está a la caza de un asesino en serie de comportamiento ritualista. Relacionalas víctimas y descubre que las dos habían sido antiguas participantes en torneos anualespara niños superdotados y que se preparaban para viajar al siguiente encuentro.El equipo ya está trabajando al límite de su capacidad y, aun así, Kim Stone se veobligada a ceder a otra comisaría al sargento detective Penn, quien tendrá que ocuparse derevisar otro asesinato.No es el mejor momento para enfrentarse a uno de los asesinos más despiadados con losque se han topado. Tendrán que investigar a todos los niños que han asistido a esos torneosdesde hace décadas, pues ahí están las pistas.Enfrentada a cientos de indicios y a una doliente hermana que se niega a hablar, ¿podráKim meterse en la mente del homicida y detener el siguiente crimen antes de que seademasiado tarde?