Concebida por Lucien Febvre, la historia de las sensibilidades ha sido durante décadas dominio exclusivo de unos pocos pioneros, y es que escribir el relato de la vida sensible y afectiva de los individuos y las sociedades de antaño es un empeño tan atractivo como complejo.No obstante, obviar este ámbito de la vida supone nada menos que mutilarla, pues, al reconsiderar la relación entre cuerpo y mente, esta historia a flor de piel nos brinda un nuevo modo de aproximarnos tanto a la experiencia individual como a la colectiva. Mediante ejemplos históricos que van de la Antigüedad hasta nuestros días, Corbin y Mazurel muestran todo lo que el estudio de los sentires de ayer y hoy puede aportar a la comprensión de las sociedades.